Stella Molina Rosero

Se me ha pedido escribir y asumir esta columna en la Revista Indómitas. Acepté con un ilusionado “sí” casi inmediato, aunque, poco después, apareció la inevitable duda: ¿seré capaz de afrontar este nuevo reto? No soy escritora profesional, pero sí una mujer con muchas experiencias de vida, que ha afrontado numerosos comienzos desde cero, siempre con la convicción y la valentía necesarias para asumirlos. Desde ese lugar personal nace esta propuesta.

Para iniciar este recorrido, decidí darle un giro íntimo al tema y contar la historia del vestido desde múltiples miradas: su evolución histórica, su enmarcación geográfica, las anécdotas que lo rodean, la ciencia y la tecnología empleadas en su confección, su descripción material y, sobre todo, la importancia social y simbólica que ha tenido a lo largo del tiempo. Una de las principales motivaciones que me impulsa a escribir sobre el vestido es que, desde niña, supe que el estilismo y el diseño de prendas eran una de mis grandes vocaciones. Pasaba horas diseñando y elaborando piezas para una estilizada muñeca que era mi juguete favorito.

En el plano profesional, estudié alta costura en una academia de moda en Colombia a los 18 años y, posteriormente, Patronaje Asistido por Ordenador en una academia de moda en Madrid, España. Mi concepto personal de la moda se resume en una idea muy clara: “No estar a la moda siempre, está de moda”. Confluir estilos, colores, materiales y diseños; crear prendas que te hagan sentir bien, cómoda, y que reflejen tu sello personal, sin importar si es o no lo que lleva todo el mundo.

El vestido es una forma de expresión: comunica cómo te sientes frente al mundo. Transmite tu vibración, ya sea a través del color, de la intención con la que eliges determinadas prendas según la ocasión, o del mensaje implícito que proyectas. El vestido dice mucho de quien lo porta. Otra de mis motivaciones es indagar en esos mensajes del vestido a lo largo de la historia de comunidades, ciudades y países. En honor a mis compañeras de la Revista Indómitas, tomaremos como punto de partida los trajes tradicionales de distintos países: Puerto Rico, México, España, diversos países de África, Japón y Colombia, mi país de origen.

Colombia: diversidad, territorio y tradición

Mapa político de Colombia. Fuente: Milenioscuro
Mapa político de Colombia. Fuente: Milenioscuro

Colombia, oficialmente la República de Colombia, se encuentra ubicada en la región noroccidental de América del Sur. Está organizada en 32 departamentos y su capital es Bogotá.

Cada departamento posee características propias que hacen de Colombia un país de enorme riqueza multicultural y tradicional. A lo largo del año se celebran numerosas fiestas y festivales, entre ellos: el Carnaval de Barranquilla, la Feria de las Flores en Medellín, la Feria de Cali, la Feria de Manizales, el Festival de Vallenatos en Valledupar y el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto.

Estas celebraciones destacan por su música, danzas tradicionales y modernas, desfiles, juegos y una gastronomía profundamente identitaria.

En la imagen se aprecia la danza del Pacífico: coloridos y vaporosos vestidos de algodón, pañoletas a juego para las mujeres, y sombreros de paja con franjas de vivos colores para los hombres, combinados con camisas guayaberas. Este atuendo representa el folclore de la zona de la Costa del Pacífico Sur, concretamente de Tumaco.

Vestido tradicional de la Ñapanga o La Guaneña: desde Nariño con amor

En esta ocasión, me detendré en el traje típico de la Ñapanga o Guaneña. Este término se utilizaba para designar al personaje femenino —mujeres del pueblo— que, durante las guerras de independencia, acompañaban a las tropas realistas como cocineras, bailadoras o compañeras de combate. Según las leyendas del sur de la cordillera de los Andes, estas mujeres llevaban ocultos fusiles bajo sus amplias faldas de bayeta y sus blusas blancas adornadas, y no dudaban en empuñarlos cuando era necesario. Esta tradición se sitúa en el departamento de Nariño, al suroccidente de Colombia, cuya capital es San Juan de Pasto.

Foto carnavalesca. Fuente Briggite Alvis Molina.

La versión moderna de la Guaneña puede apreciarse hoy durante el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, celebración declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Del 2 al 7 de enero, las calles de la ciudad se llenan de música, juegos, desfiles, comparsas, arte y tradición, conmemorando la historia de la esclavitud, la independencia colonial y la diversidad cultural del país.

Grupo de Guaneña. Fuente: Briggite Alvis Molina

La Guaneña dio origen a una canción popular que fue entonada como himno guerrero desde 1809 por las tropas pastusas en numerosas batallas, prolongando su vigencia hasta bien entrado el siglo XX. También fue personaje literario de una novela inédita titulada La Guaneña-Bolsicona.- Sahumadora – Ñapanga, escrita en 1962 por José Gonzalo Páez.

Según la tradición oral, la canción surge del dolor de Nicanor Díaz, un hombre humilde traicionado por Rosario Torres, quien, pese a su relación con él, fue comprometida por su padre con José Maldonado, perteneciente a una clase social más alta en la ciudad de Pasto. En 1789, Nicanor relató sus penas a su amigo Lisandro Pabón en un bar del municipio de Guaitarilla, y de ese desahogo nació una de las canciones más emblemáticas del folclore nariñense.

Los nariñenses aprendemos desde niños a cantar y bailar La Guaneña. La versión en ritmo de bambuco es la más conocida, aunque existen otras. La canción tiene una duración aproximada de tres minutos y su aprendizaje es obligatorio en escuelas y colegios para actos culturales. Además, se interpreta en fiestas tradicionales, celebraciones religiosas, durante los partidos del Deportivo Pasto y, por supuesto, en el Carnaval de Negros y Blancos.

La Guaneña

(Letra tradicional del sur de Colombia, ritmo de bambuco)

Guay que sí, guay que no,
¡La Guaneña me engañó! (Bis)
Por un peso y cuatro riales,
¡con tal que la quiera yo! (Bis)

Que a mí sí, que a otro no,
La Guaneña me lo juró (Bis)
Me recibió la plática
y con otro se la gastó (Bis)

Guay que sí, guay que no,
La Guaneña me engañó (Bis)
Ñapanga pa’ mentirosa
en Pasto jamás se vio (Bis)

Cascajal, cascajal,
La Guaneña al frente va (Bis)
Con un fusil en el hombro,
alerta pa’ disparar (Bis)

Recogida de cancioneros populares del departamento de Nariño.

Grupo de Guaneña. Fuente: Briggite Alvis Molina

A continuación, encontramos a nuestra protagonista en tiempos actuales: una joven con vestido casual, como cualquier chica de su edad y de cualquier ciudad del país, que prioriza el confort y la comodidad, sin renunciar a su identidad.

Con el mejor adorno que toda persona puede llevar: una gran sonrisa.

En esta ocasión ha sido Pasto la ciudad protagonista. En futuras entregas, recorreremos otras ciudades y territorios representativos del folclore colombiano, donde los vestidos siguen contando historias que merecen ser escuchadas.

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