Tania Fernández De Toledo
Mariluz Escribano : la Voz de la Memoria, y Remedios Sánchez : la palabra comprometida
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935-2019) encarnó una vida dedicada a la palabra, la enseñanza y la justicia. Fue catedrática universitaria, poeta de voz profunda, y una luchadora incansable por el patrimonio cultural y los derechos de la mujer, su figura emerge como un pilar fundamental de la literatura y el pensamiento andaluz contemporáneo. Considerada la poeta de la memoria y la concordia civil, su obra y su activismo constituyen un legado ético y artístico de primer orden.
Mariluz Escribano nació en un momento de extrema convulsión. Su padre, Agustín Escribano, catedrático de Geografía y director de la Escuela Normal de Maestros de Granada, fue fusilado en septiembre de 1936, cuando ella apenas tenía nueve meses. Su madre, Luisa Pueo y Costa—sobrina del intelectual regeneracionista Joaquín Costa—, fue represaliada, depurada y desterrada a Palencia con su hija, para poder regresar años después a Granada bajo estricta vigilancia.
Este trauma fundacional marcó su vida, pero no quebró su espíritu. Heredó de sus padres una férrea vocación docente y un compromiso con la educación liberal. Se licenció en Filosofía y Letras con Premio Extraordinario en 1958 y se doctoró posteriormente. Entre 1964 y 1967 vivió una experiencia transformadora en Estados Unidos, donde fue profesora en el prestigioso Antioch College de la Universidad de Ohio, un centro con una marcada tradición de activismo por los derechos civiles. Allí entró en contacto con los movimientos sociales que defendían los derechos de las mujeres, en especial las afroamericanas.
A su regreso a Granada, desarrolló una fecunda carrera como catedrática de Didáctica de la Universidad de Granada. Su vocación era, como ella decía, «formar maestros«.
Una Obra Poética Tardía y Esencial
Mariluz Escribano pertenece por edad a la Generación del 60, pero siempre se sintió «un verso libre», al margen de grupos y corrientes. No publicó su primer poemario, Sonetos del alba, hasta 1991, pasados los 55 años. Este silencio editorial se debió en parte a la necesidad de tiempo para sanar las heridas de la guerra, pero también a las dificultades que una mujer de su origen y su independencia intelectual encontraba en el panorama literario de la época.
Su reconocimiento literario llegó de manera firme en la última década de su vida. Con Umbrales de otoño (2013) ganó el Premio Andalucía de la Crítica, siendo la primera mujer granadina en obtenerlo. Le siguieron El corazón de la gacela (2015) y su testamento vital, Geografía de la memoria (2018). En 2022, la prestigiosa editorial Cátedra publicó su Poesía completa en la colección Letras Hispánicas, a cargo de la profesora Remedios Sánchez, un hecho que consagra su lugar en el canon literario. Su poesía es una de las más hondas y necesarias del siglo XX español, se convirtió en un compromiso ético con la memoria, la verdad y la convivencia. Mariluz Escribano fue, en esencia, una mujer que luchó con la palabra y la acción por un mundo más justo, libre y en concordia, dejando un verso imborrable en la historia de Granada y de las letras hispánicas.
Luchadora por los Derechos de la Mujer
El feminismo de Mariluz Escribano fue práctico, constante y adelantado a su tiempo. No fue solo una idea, sino una praxis de vida que se manifestó en:
- Activismo asociativo: Fundar y liderar asociaciones como «Mujeres por Granada» demostró su convicción de que la acción colectiva era esencial para defender los intereses de la ciudad y, por extensión, de las mujeres que la habitaban.
- Ejemplo en el espacio público: Como catedrática universitaria y columnista durante el franquismo y la transición, se abrió paso en ámbitos tradicionalmente masculinos, ejerciendo una autoridad intelectual y moral sin complejos.
- Defensa de la educación: Comprendía que la educación era el arma más poderosa para la liberación de la mujer. Su vida entera, dedicada a formar maestros, fue un acto de feminismo pedagógico.
Un Legado de Versos Libres en una Granada Contradictoria
La decisión de Mariluz Escribano, de legar toda su obra intelectual y literaria a Remedios Sánchez García no fue un acto administrativo, sino un gesto profundamente simbólico y político. Remedios Sánchez, doctora en Filología Hispánica, discípula directa, editora de su Poesía completa para Cátedra y albacea testamentaria, se convirtió así en la heredera única de un archivo vital para la memoria cultural de Andalucía. Este acto de confianza absoluta sellaba un linaje intelectual entre dos “versos libres”, dos mujeres que han elegido el pensamiento crítico y la palabra comprometida por encima de las conveniencias del establishment.
Remedios Sánchez, como antes Mariluz, encarna la figura de la intelectual incómoda. Profesora universitaria y crítica literaria de trayectoria sólida, ha mantenido una voz independiente y a menudo disonante respecto a los poderes fácticos de la cultura local. Su labor por visibilizar y estudiar la obra de Escribano ha sido titánica y, en muchos sentidos, realizada desde una posición de cierto aislamiento institucional dentro de su propia ciudad.
La Paradoja Granadina: Patrimonio Versus Creación Viva
La observación sobre una Granada que “no evoluciona, ni en cultura ni en prestigio de sus congéneres” señala una paradoja histórica. Granada es una ciudad hipertrofiada por el peso de su pasado (la Alhambra, Lorca), que a menudo actúa como un mausoleo que oscurece la creación viva y contemporánea. Este ecosistema tiende a canonizar tardíamente a sus figuras –como le ocurrió a Escribano– mientras ignora o dificulta el camino de las que están en activo, especialmente si son mujeres con una voz propia y no acomodaticia.
El reconocimiento nacional (Premio Andalucía de la Crítica) que alcanzó Escribano contrasta con la sordera y las dificultades innombrables que tanto ella como su heredera han enfrentado en el ámbito local. Estas dificultades –que van desde el ninguneo en ciertos círculos académicos hasta la falta de apoyos decididos para proyectos culturales– son sintomáticas de una cultura urbana que lucha por integrar la crítica y la innovación en su autorrelato, anclado en un pasado estático.
Conclusión: La Memoria Como Acto de Resistencia
El binomio Escribano-Sánchez representa, por tanto, un mismo combate librado en dos generaciones distintas. Mariluz luchó por hacer oír una voz de memoria y concordia en el silencio de la posguerra y la transición. Remedios Sánchez lucha por conservar, estudiar y proyectar ese legado en un contexto donde la memoria cultural sigue siendo un campo de batalla y la independencia intelectual tiene un coste alto.
La Granada que no evoluciona es aquella que, fascinada por su propia leyenda, es incapaz de reconocer y nutrir a los “versos libres” que habitan su presente. El legado de Mariluz Escribano, ahora en las manos de su heredera intelectual, trasciende lo literario para convertirse en un espejo crítico que interpela a la ciudad: una invitación a evolucionar desde el culto al patrimonio hacia el apoyo decidido a la creación viva, a sustituir la veneración póstuma por el reconocimiento en vida, y a entender que el verdadero prestigio de una ciudad se mide por la libertad y el vigor de sus contemporáneos.




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