Tania Fernández De Toledo
Artista por la paz de la UNESCO en 2012, doctora en filosofía y ganadora del primer Herflix Women’s Luminary Award en Cannes, Guila Clara Kessous redefine el papel de la creación en la sanación del mundo. A parte de ser mi amiga desde entonces, yo la defino como una mujer que transforma el sufrimiento en arte y el arte en diplomacia.
En el reciente bullicio del Festival de Cannes que acaba de concluir, mientras los focos suelen apuntar a las alfombras rojas, un galardón especial iluminó la Croisette. El Herflix Women’s Luminary Award, una distinción impulsada por la plataforma internacional de streaming dedicada a las narrativas femeninas, fue entregado a Guila Clara Kessous. Este premio no es solo una consagración cinematográfica; celebra una trayectoria única que combina escenario, terapia y acción humanitaria.
Para entender la obra de Guila Clara Kessous, hay que concebir el arte no como un entretenimiento, sino como un acto de resistencia. Titular de un Executive MBA de ESSEC y de un doble doctorado en Letras obtenido bajo la dirección del Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, podría haberse conformado con una carrera académica clásica. Sin embargo, su trayectoria está marcada por una sed de justicia que la impulsa a utilizar el teatro como vehículo de reconciliación. Formada en arteterapia, ha trabajado sobre las huellas de genocidios, como en Ruanda, o con poblaciones exiliadas, convencida de que la voz y el gesto pueden reparar lo que las palabras solas ya no logran expresar.
Esta doble faceta de investigadora en Harvard y de practicante de terreno le valió un reconocimiento internacional. Como Artista por la paz de la UNESCO, lleva los ideales de nuestra Organización a todo el mundo a través de su disciplina: el teatro, el cine y la performance.
Kessous no se conforma con discursos convencionales. Su acción se articula en torno a una constatación simple pero radical: la paz no puede ser duradera sin la inclusión de las mujeres. Esta convicción la llevó a lanzar Femina Pax, una propuesta de resolución para establecer una cuota del 30% de mujeres en las negociaciones diplomáticas, presentada en la ONU en Ginebra.
También es la instigadora de los «Acuerdos de Sara y Agar» en 2023, una iniciativa espiritual audaz. Haciendo eco de los Acuerdos de Abraham, reúne a figuras femeninas de gobiernos de las tres religiones monoteístas para construir una diplomacia de terreno, simbólicamente anclada en el legado de las mujeres de la Biblia y el Corán. Este enfoque le ha valido el apodo de «nuevo rostro de la diplomacia feminista», aplaudido por la UNESCO y otras instituciones internacionales.
Más allá de las grandes instancias, su corazón está con las víctimas directas de la violencia. Galardonada en 2020 con el Global Gift Women Empowerment Award entregado por Eva Longoria, utiliza la arteterapia para ayudar a mujeres violadas en el Congo o a jóvenes amenazadas de exclusión a recuperar su dignidad.
Aunque el compromiso de Guila Clara es antiguo, el año 2025 marca un punto de inflexión mediático con su distinción en el Festival de Cannes. Su película On Rope, por la que ha recibido este premio, encarna esta estética de la resiliencia. Tras Cannes se dirige actualmente a Pekín y Shanghai para presentar su film. Este premio en Cannes no es, por tanto, un desvío hacia el cine comercial, sino la extensión lógica de su trabajo de puesta en escena de la verdad humana.
Hoy, Guila Clara Kessous concentra parte de su energía en dirigir el “Día Mundial del Arte” bajo el alto patrocinio de la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud. Aboga para que la cultura deje de ser considerada un «entretenimiento no esencial», recordando, estudios en mano, que la frecuencia de visitas a museos o conciertos podría ser algún día recetada por los médicos, como ya se hace en Canadá. En una entrevista concedida a Rolling Stone, explica esta filosofía: «El impacto del arte está infravalorado hoy en día. Tenemos una visión limitada del artista como alguien que fabrica belleza sin conciencia social. En respuesta a ello, muchos artistas deciden combinar el activismo y el arte para convertirse en ‘artivista’».
Oficial de Artes y Letras, coach de directivos en Harvard y Harvard Business Review, no cesa de mezclar disciplinas para iluminarlas mejor. Ya sea acompañando a un comité directivo con síndrome de desgaste profesional o a una superviviente en busca de reparación, su herramienta sigue siendo la misma: la expresión sincera, liberada, de la humanidad.
Su trayectoria nos recuerda que la paz no se decreta en despachos acolchados; se ensaya, se pone en escena, se interpreta y se encarna. Guila Clara Kessous es la prueba viviente de ello y todas y todos deberíamos tomar su ejemplo.





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