Jorge Palomo Serrano
Enheduanna es un personaje que, pese a su relativa fama dentro de la asiriología, es desconocida para la mayor parte del público. En mi formación universitaria como historiador jamás se la nombró en las asignaturas generales en antigüedad, cosa que no les culpo debido al poco tiempo que hay para impartir todo el temario. No fue hasta que decidí ampliar mis conocimientos sobre el Oriente Antiguo que di con la existencia de este personaje histórico. Me resultó curioso que, pese a que la asiriología u oriente cuneiforme no sea tan popular en España como pudiera serlo la egiptología, a la mayoría de la gente podría sonarle por lo menos el nombre de Hammurabi o quizás el de Sargón, pero poca gente podría nombrar un personaje femenino de aquella época, mientras que del Egipto antiguo podrían por lo menos nombrar a Cleopatra, Nefertiti o hasta a Hatshepsut. Así pues, trataré de dar algo más de luz a esta figura, a la que se le ha atribuido la invención de la autoría de textos.
Sabemos muy poco sobre Enheduanna, nuestro conocimiento de las fuentes contemporáneas a su vida lo debemos a las célebres excavaciones que realizó Leonard Wooley en 1925 en la ciudad de Ur, al sur de la actual Iraq, en la que se encontró un disco fragmentado en la sección C del giparu, donde se encontraban la morada de los sacerdotes del templo de Ur, conservado actualmente en el museo de la Universidad de Pennsylvania. En el disco se representa una libación de los sacerdotes del templo, entre los que aparece Enheduanna como figura central de pie supervisando la ceremonia, en la otra cara del disco encontramos el nombre de Enheduanna, su cargo como sacerdotisa e hija del rey Sargón.
Enheduanna y su origen acadio
Realmente no conocemos su verdadero nombre, al igual que su padre Sargón, cuyo nombre viene de Sharru-Kin que significa “rey legítimo”, el de Enheduanna es, según la traducción literal, “gran sacerdotisa, ornamento del dios del cielo”, lo que hace referencia a su cargo de sacerdotisa suprema del dios lunar sumerio Nanna. Las fuentes en las que aparece su nombre son los sellos de personas vinculadas a su cargo como sacerdotisa, como el de su peluquero, Ilum-pal, o la impresión del sello de un escriba.

Pennsylvania. Fuente: Museo de Pennsylvania

Pennsylvania. Fuente: Museo de Pennsylvania
Enheduanna vivió durante el periodo acadio, en torno al 2300 a.C., en la baja Mesopotamia, la tierra entre los ríos Tigris y el Éufrates, el lugar que vio nacer la escritura a mediados del IV milenio. Una tierra rica y fértil para la agricultura mediante las canalizaciones, pero escasa en otros recursos y con crecidas más terribles e imprevisibles que el Nilo. La posición de Enheduanna en la sociedad de su tiempo estaba atravesada por dos situaciones dadas por nacimiento: ser hija del monarca acadio Sargón I y su esposa Tashultum, y por nacer mujer.

Food and Agriculture Organization of the United Nations.
El papel de la mujer en el imperio acadio
Hay que recordar que el Imperio Acadio era una sociedad monárquica donde el poder político solía recaer en una élite selecta de hombres de la élite local urbana vinculada con el templo y el palacio, así como con la familia real acadia. Era una sociedad patriarcal, en el sentido de que se percibía como natural que estos hombres selectos ejercieran el poder político, mientras que la mujer tenía un carácter subalterno, atestiguado por las inscripciones y sellos que identificaban generalmente a la mujer a través de su marido o padre, como nos señala Claudia Suter en su artículo Imágenes, visibilidad y agencia de las mujeres de la realeza en la Mesopotamia arcaica.
A las mujeres en la cúspide de la sociedad no se les atribuían epítetos honoríficos a diferencia de los varones, y solían tener el papel de asegurar la lealtad y la fraternidad entre miembros de la élite a través del matrimonio, ya fuese entre la élite dentro del imperio o con estados externos al imperio acadio. Esto no quiere decir que las mujeres en la Mesopotamia del tercer milenio no tuvieran una agencia propia ni tuvieran acceso a distintas formas de ejercer el poder. Por ejemplo, se requería que hubiera sacerdotisas en los templos dedicados a un dios masculino, ya que pasaban a tener un matrimonio simbólico con el dios, pero es cierto que estaban más limitadas que sus contemporáneos varones en el ejercicio del poder político.
De ahí que Enheduanna sea un rara avis, ya que fue autora de himnos en primera persona y parcialmente autobiográficos, reflejado esto en su himno la exaltación a Inanna, y gozaba de una actividad intelectual como compiladora de himnos además de una posición política privilegiada al tomar el mayor cargo sacerdotal, el de En, en la ciudad de Ur.
La influencia de Enheduanna como sacerdotisa
La faceta como sacerdotisa de Enheduanna está insertada dentro de la política de su padre Sargón de consolidar y legitimar su poder. El Imperio Acadio era el primer imperio o estado en tener un afán de dominio y expansión universal en el Oriente Antiguo, pero la legitimidad de Sargón podía ser discutida por su origen como copero y posteriormente usurpador del rey Ur-Zababa de la ciudad de Kish, y como conquistador de Sumeria tras vencer a Lugalzagesi, que previamente había conseguido unificar todas las celosas ciudades-estado sumerias.
Para aumentar su prestigio, desarrolló una propaganda en la que se atribuía un origen mítico (hijo secreto de una sacerdotisa que lo abandona en una cesta en las aguas del río Éufrates que le llevan hasta un lugar a salvo), y consolidó su control sobre los centros religiosos más importantes colocando en los cargos más altos a miembros de su familia, de ahí que Enheduanna ocupase el cargo de En del dios lunar Nanna en Ur.
Según Alhena Gadotti en Mesopotamian women´s cultic roles in later 3RD-early 2ND millenia BCE, este puesto sería el de mayor relevancia y prestigio en Sumeria, y era un cargo epónimo anual. Además, esta política le permitía reunir las distintas haciendas que controlaban los templos bajo el control de la monarquía, así como vincular al rey directamente con los dioses, ya que pasaría ser el suegro de los dioses de los templos donde sus hijas tomasen el cargo de sacerdotisas.
Ejercer este puesto dotaba a Enheduanna de una gran influencia y poder político. El historiador Carlos Wagner nos muestra en su libro Historia del Cercano Oriente que el sacerdote no solo realizaba tareas relacionadas con el culto a la divinidad, como oraciones, libaciones, organización de fiestas y también gestionaban las explotaciones agrícolas del templo de la ciudad. Los En habían sido durante gran parte del tercer milenio los gobernantes de las ciudades-estado sumerias, aunque para la época acadia el poder político secular del palacio ya le había ganado bastante terreno.
Enheduanna resalta dentro del cargo ya que, según el artículo O sacerdócio femenino no Imperio Acádico – caso de estudo: Enheduanna a princesa sacerdotisa de Daniela Camilo de la Universidad de Lisboa, Enheduanna sería la primera En o alta sacerdotisa de relevancia en el mundo sumerio-acadio, ya que no encontramos registros escritos de que hubiera mujeres que ocupasen este puesto previamente, y a partir de Enheduanna los monarcas que gobernasen la ciudad colocarán a sus hijas en este cargo, según el artículo Enheduana: Uma chave femenina para o reforço do poder acadiano na sumeria de Alexandre G. Carvalho e Ivone Vieira.

triunfante localizado en el museo del
Louvre de París, su reinado fue el de mayor esplendor del
imperio acadio. Fuente: Musée du Louvre, Département des Antiquités orientales, SB 4 – https://collections.louvre.fr/ark:/53355/cl010123450 – https://collections.louvre.fr/CGU
La compilación de himnos, su obra con más éxito
Pero el verdadero legado de Enheduanna transciende a su importancia política y dinástica de su tiempo, el impacto que tuvo para los siguientes siglos fue su obra de compilación de himnos, y como se ha mencionado antes, atribuirse su autoría. Entre sus obras encontramos los Himnos al Templo, Exaltación de Inanna e Himno al dios Nanna. En estos himnos se considera, por parte de Estefanía Bernábé y Katia María Paim en su artículo Eu, Enheduanna, que realizó una jerarquización y compilación de los dioses sumerio-acadios, elevando a Inanna (o Ishtar para los acadios) a una mayor importancia. Por lo que existe un debate historiográfico en torno a si estas acciones se debían a una preferencia personal o a una política del imperio acadio, en la que se trataba de realizar una jerarquización de las divinidades para tratar de superar la identificación de las ciudades-estado con su dios patrón particular.
Enheduanna probablemente no crearía de la nada estos himnos, sino que se basaría en la tradición fragmentada literaria y religiosa previa, siendo una labor compilatoria que otorgaba un formato uniforme a todos ellos. Por tener un paralelismo más cercano a nuestra tradición cultural, sería una labor parecida a la de Hesíodo con la mitología griega.
La labor de Enheduanna hay que entenderla de esta manera, desde la aparición de la escritura, allá en torno al 3.500 a.C., hasta los tiempos de Enheduanna, no hay un solo texto escrito que se atribuya a una persona, mil años de anonimato para los productores literarios, Enheduanna es la primera persona, que sepamos, que se atrevió a salir de ese anonimato, y tuvo la suficiente relevancia como para ser recordada en los siguientes siglos como la autora de los himnos mencionados.
¿Fue Enheduanna la verdadera autora de sus obras?
Pero hay un problema, las investigadoras Estefanía Bernábé y Katia María Paim nos señalan que no ha sobrevivido ninguna copia contemporánea de las obras de Enheduanna, las más antiguas y prolíficas son del periodo paleobabilónico, unos 500 años después que Enheduanna viviera. Esto lleva al debatesobre si realmente fue la autora de dichos textos o le atribuyeron posteriormente dicha autoría. Además, también se ha dudado si las escribió ella o lo mandó escribir, ya que, según Brigitte Lion en el artículo Mujeres escribas y mujetes que esciben en Mesopotamia, tenemos pocas referencias de mujeres escribas durante el Imperio Acadio, salvo el de Nin-UN-Il, que aparece en una lista de asignaciones del templo Ekur de Nippur.
El investigador Sophus Helle en Enheduana and the invention of autorship considera que, debido a que la mayoría de las copias de las obras de Enheduanna (62 de las 77 exaltaciones y 37 de las 44 himnos hallados) se han encontrado en uno de los principales centros religiosos de Mesopotamia, como era la ciudad de Nippur, es muy posible que la élite intelectual de la edubba(la escuela donde se formaban los sacerdotes y funcionarios de la ciudad) crease dicha autoría para poder crear una figura en la que sentirse representados y conectar con el pasado y el prestigio cultural de la lengua y civilización sumeria, la cual ya era una lengua muerta que servía como idioma de prestigio e identificador de las élites cultas y religiosas.
Según este investigador, lo importante no sería la autoría, real o no, de Enheduanna, sino su importancia como vehículo de transmisión de la cultura y lengua sumeria para las culturas posteriores que se desarrollaron en Mesopotamia. Enheduanna, al igual que ellos, era de una élite acadio parlante, una lengua semita a diferencia de la lengua sumeria que no estaba emparentada con ninguna de la región, y había logrado las máximas cotas de dominio de dicha lengua.
Les permitía crear una cultura sumeria unificada y personificada en una persona, más comprensible para ellos que la realidad fragmentada de las ciudades-estado sumerias. Enheduanna, al no estar demasiado ligada a ninguna ciudad en concreto, y al ser la máxima sacerdotisa en Ur, era una figura perfecta para que se la apropiase la élite cultural de una ciudad que se jactaba de ser el centro religioso mesopotámico. Aparte de que, al ser una mujer de un pasado lejano casi mítico, podía evocar la imagen de la diosa de la escritura, Nisaba.
Por otro lado, también se argumenta que el estilo más personal en la Exaltación a Inanna, sería una prueba de la autoría real del poema, así como por su contenido autobiográfico.

Inanna en sumerio, actualmente está en el museo de
Pennsylvania.
En dicha obra, Enheduanna trata de conseguir el favor de Inanna debido a que se la ha expulsado y exiliado de su puesto como sacerdotisa en Ur por un hombre, Lugal-Ane, y el dios lunar Nanna no responde a sus súplicas. Enheduanna también ha perdido la elocuencia para soliviantar a los dioses, como se muestra en la traducción de Sophus Helle al inglés en su libro The complete poems of Enheduana, the world`s first author:
My honey-mouth
is full of froth, my
soothing words are
turned to dust.
Pero a medida que se confecciona el poema demuestra que ha recuperado dicho poder, lo que aparece al final del poema, en el que el esfuerzo de Enheduanna ha dado sus frutos.
The mighty woman,
the greatest in the
gathering of gods,
has heard her plea.
Inana’s holy heart
came back to her.
El trasfondo histórico de este poema es el de las constantes rebeliones que se producían en el imperio acadio desde la muerte de Sargón. Enheduanna estuvo en su cargo como sacerdotisa en Ur por lo menos hasta el reinado de su sobrino, Naram-Sim, el cual tuvo que hacer frente a una sublevación de las ciudades sumerias de Ur, Eridu, Uruk, Nippur, Sippar y Kish al principio de su reinado. Probablemente el poema hace eco de una situación real que ocurrió durante esa rebelión. En el himno se nombra incluso al rebelde que la ha expulsado, quizás representando al hombre como el que toma la iniciativa para alterar el orden establecido entre los dioses y el ser humano, mientras que se solicita y atribuye a la divinidad el restablecimiento de este orden, sin mencionar ningún acto humano en el papel de dicha restauración más allá de la solicitud que hace Enheduanna a la diosa, y a pesar de que fue su propio sobrino, Naram-Sim, el que acabó derrotando por las armas a esta rebelión.
Pese a todo, Enheduanna, según Sophus Helle, sería olvidada y sacada de la enseñanza de la edubba y la educación en cuneiforme tras el fin del periodo paleobabilónico. La autoría de los textos no se volvería a presentar en las culturas mesopotámicas hasta el periodo Neoasirio en el primer milenio antes de nuestra era, en plena Edad del Hierro. Enheduanna no volvería a ser recordada hasta el siglo XX, pero aún tiene que ocupar en el imaginario colectivo su lugar como primera autora literaria, su obra y vida merecen ser reconocidas como testigos milenarios de la creatividad y del desarrollo cultural humano.

fechada en torno al 2.500 a.C., se ubica en el Museo
Metropolitano de Arte de Nueva York.






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